Hace años que no se postea aquí, a decir verdad. ¡Y necesita un buen lavado de cara!
Creo que esto lo tendremos que discutir con el admin de TO, nuestro querido Adri, ya que él es quien se suele encargar del diseño TOciano.
Bueno, yo solo vengo a informar un poco de las últimas actividades de este mes, y en resumidas cuentas, del verano.
Hace poco que se han celebrado los concursos de Summer TO y han llegado a su fin. Ahora solo se espera el recuento de votos por parte de los encargados, y en breves se llevara a cabo la entrega de premios.
Podeis ver el post general aquí. Además que, en el mismo, se han posteado diversas formas externas de la influencia de TO en la vida personal de cada uno.
Dejando eso de lado, también hay noticias practicamente diarias, la cual son casi siempre posteadas por la user Sami, y realmente le agradecemos su trabajo diario y esfuerzo buscandolas, ya que a fin de cuentas son muy interesantes. Vale la pena echarles un vistazo.
También decir que se buscan colaboradores en el fansub de Topic Off, tanto para video como para manga. Si estais interesados, acudid aquí para vídeo y aquí para manga.
¡Esperamos veros por TO!
sábado, 28 de agosto de 2010
lunes, 7 de diciembre de 2009
TopicOff Times - Cap. 1
Historia creada para los miembros actuales del foro, publicada en la TOWeek09, 1er cumpleaños de TopicOff. Calculo que la segunda parte, Nurichigo y yo, la publicaremos en diciembre, en fin de año.
Aquí tenéis el primer capitulo, para recordar.
__________________________________________
Capitulo 1: TopicOff Times
Vista de: HUGO
[Hugo, 24 años. Presidente del TopicOff Times. Es un tanto gruñón a veces, pero siempre suele ser amable con sus empleados y se lleva muy bien con todos ellos. Es optimista, y sus chistes y frases célebres pasan fronteras.]
Estaba impaciente por terminar el papeleo y bajar a ver como iba la preparación de la fiesta de mañana. Sonreí anestesiado mirando la puerta del despacho. Ya hacía un año que había comprado el edificio y había montado la empresa con la ayuda económica de mi padre. También tuve suerte de tener muchos amigos que estudiaban periodismo, algunos sin trabajo. Les advertí que de momento no cobrarían demasiado, hasta que lográramos publicar nuestra humilde publicación en los quioscos. Ahora, después de un año, ya somos una empresa respetable, que publica un periódico de las noticias más interesantes y entretenidas, habidas y por haber. Un año de sueños que se habían cumplido. Sin duda había que celebrarlo por todo lo alto, Verónica había tenido una buena idea.
Me recosté en el sofá de presidente y observé la maqueta del periódico del mes. Me gustaba, siempre me gustaba. Eran pocos los redactores, pero sin duda hacían un gran trabajo. Di el visto bueno y la firmé, depositándola con cuidado encima de la mesa. Después de ajustarme la corbata, me levanté y me dirigí a la puerta, dispuesto a ir a la cafetería para ver como avanzaba la cosa. De pronto, justo antes de abrir la puerta, apareció Victoria.
-¿Has visto la maqueta de este mes?-preguntó-No me gusta nada.
[Victoria, 25 años. Vicepresidenta y directora de contenidos. Bastante mandona, quiere que todo en la empresa sea perfecto, exige mucho a los empleados. Tras esa oscura máscara, guarda un corazón de oro que hace que en realidad todos de la oficina la aprecien mucho.]
-Sobra la noticia del caracol más rápido del mundo-dijo, señalando la maqueta-... y toda esta parafernalia del campeonato de caracoles, se la podían haber ahorrado...
-Victoria, por favor-supliqué-. Sabes que siempre intentamos dar una opinión diferente, y reportajes que entretengan a la gente.
-Ya, ¡Y después toda la plantilla de fiesta!-dijo ella, arrugando el ceño-Les das demasiada libertad con esta fiesta, no quedará el edificio en pie después de esto...
-Bah, no seas exagerada-le reprendí sonriendo-. Seguro que hasta tú acabas bajando mañana.
-¡Ni de broma!-exclamó, con un gesto de indignación- Esta maqueta necesita muchos retoques si quieren que salga a la venta el viernes. ¡Después de esa fiesta trabajaran como condenados!
-Va, va. Tómate una tila. Voy a abajo a ver como van los preparativos.
La bordeé antes de que me restregara otra vez la noticia de los caracoles y bajé por el ascensor. Como siempre, el último piso estaba desierto, el de los despachos. Una vez que se descendía, se podía escuchar el murmullo incesante de los trabajadores, que tenían absoluta libertad para trabajar a su gusto, hablando y charlando, siempre que no se saliera de la linea de trabajo constante y que el periódico pudiera salir cada mes. Buscaban noticias y contenidos, las escribían y las pasaban a maquetación, donde añadían las fotos y trabajaban la estética del periódico. Una vez terminado eso, llegaba a los directivos, que daban el visto bueno (o malo, en el caso de Victoria) y pasaba directamente a rotativas, donde salía el periódico a distribución. Era genial, todos estaban contentos con su trabajo.
-¡Buenas a todos!-dije cuando llegué a la planta de redacción.
Casi caigo al suelo con gota estilo anime. Como suelo decir, en algunas partes del edificio corren las bolas de paja, como en el oeste. Deduje que los empleados se habían tomado demasiado a pecho la orden de “podéis ayudar a Verónica a preparar la fiesta de mañana desde ahora, si queréis”. Obvio que querían. Con resignación, tomé las escaleras y observé el ambiente que se respiraba abajo. Unos preparaban una pancarta, otros hinchaban globos y todos se movían de acá para allá. Justo al lado de la salida de las escaleras se encontraba Verónica, tomando notas.
-A quin tenim per açí! Cap!-me dijo, con euforia
[Verónica, 22 años. Redactora de historias. Es trabajadora, siempre dispuesta a apoyar a sus compañeros y unirlos. A veces está en empane, como en su mundo. Le gusta decir algunas frases hechas en valenciano y tiene su peculiar acento.]
-Hehe... Hola, Verónica.
Vista de: VERÓNICA
Todo iba justo lo planeado. Lo mejor de todo es que todos estaban ayudando en unas cosas u otras, algo que me motivaba mucho para seguir con esta idea mía. Mientras que iba garabateando un poco en mi libreta, llegó el jefe. Lo saludé de mi manera única, y después con interés se acercó a mi libreta, yo la aparté enseguida. Él me miró con algo de enfado y preguntó:
-¿Acaso no puedo saber lo que se va a hacer en mi empresa?
-Je je, quiero que sea una sorpresa, cap... -utilicé esa excusa tan ridícula.
Y enseguida me moví un poco para ver como iba Natalia con los globos. Tenía la cara roja y respiraba con dificultad. Después con cautela, fui pisando el suelo. Cuantos globos... ¿Los había hinchado ella sola? Le di unos golpes en la espalda indicándole que ya era suficiente, que como siguiera así se iba a matar. Se levantó con energía y me replicó que quería seguir ayudando.
-Creo que ya has hecho suficiente, ¡tenemos globos de sobra!
-¿Estás segura? Yo creo que siguen faltando... -respondió algo pensativa.
[Natalia. 22 años. Redactora jefe. Es un torrente de energía. Es la que le da vida en la empresa, alegra a todos los empleados. Anima a todos los que están de bajón.]
Al final conseguí que fuera a comer a la barra de la cafetería. Entonces, un escalofrío me recorrió la espalda. “Él” estaba detrás mía. Rápidamente me di la vuelta y le sonreí. Era David, al parecer se le había gastado el permanente de color negro por lo que parecía estar indicándome. Sus ojos eran fríos y me daban algo de miedo, pero sabía que en el fondo tenía que ser una buena persona. Algo rarilla, pero buena persona.
Metí mi mano en uno de mis enormes bolsillos y de él saqué otro permanente como por arte de magia. Él ni se inmutó, lo agarró con una asombrosa rapidez. Miré desconcertada mi mano vacía y cuando alcé la vista vi como David me daba la espalda y volvía a la pancarta en la que estaba trabajando.
-Gracias -fue lo único que dijo.
[David. 23 años. Becario. Es frío con todos los empleados y muy distante. Nadie sabe de su vida, además él no quiere que se sepa nada de ella. Casi todos los de la empresa le temen. Es muy misterioso.]
Suspiré. Esta empresa era poco corriente en la ciudad, algo que era muy bueno. No era para nada aburrida y además Hugo no te presionaba para nada en lo de trabajo me refiero. Me venía muy bien esa actitud suya ya que yo siempre me distraía enseguida, y en muchas ocasiones me olvidaba de lo que tenía que hacer.
Me di un pequeño cabezazo con la libreta para bajar de las nubes. Me dirigí hacia el trabajo que estaban haciendo David y Carlos con las pancartas. Casi me caigo de espaldas de la sorpresa. La verdad es que se notaba mucho los dos estilos diferentes. Mientras que David había escrito las pancartas con unas letras algo extrañas y negras, el fondo que estaba haciendo Carlos era muy original, y para nada raro. Me metí en medio del hueco que habían dejado sus dos hombros y los dos dieron un pequeño respingo. Les sonreí y les dije:
-Como pensaba, la unió de vuestros estilos es única...
-¿Es que acaso no confiabas en nosotros? -dijo de manera picaresca Carlos.
[Carlos. 25 años. Fotógrafo y director de imagen. Tiene una personalidad rara, y por esa personalidad ha estado solo desde pequeño. Se recogió en la fotografía, el único arte con el que se podía expresar. En cada foto que hacía reflejaba su estado de ánimo. Se lleva bien en general con los demás empleados.]
-En absoluto -pero me di cuenta de que ninguno de los dos me estaba prestando atención.
Me dirigí entonces hacia el jefe, debía darle unos cálculos que hice ayer por la noche (en la cual no dormí) que seguramente necesitaría para encargarlo todo. Estaba bastante concentrado observando a los demás como trabajaban, parecía un rey viendo trabajar a sus sirvientes. Lo mejor de todo es que no nos obligaba a hacerlo. Tosí levemente para llamar su atención y le tendí mi libreta. Él alzó una ceja y dijo:
-¿Ahora si que me dejas verla?
-Necessite que veas estas cosas que necesito, ya que el único que sabe el presupuesto eres tú...
Cogió con interés mi libreta y comenzó a leer bastante concentrado.
Vista de: HUGO
La lista contenía muchos garabatos y palabras que parecían indicar los materiales necesarios para la organización de la fiesta. Sonreí al ver los precios aproximados, y diferentes dibujos que Verónica había realizado y que se mezclaban con toda la lista de utensilios. Seguidamente me acerqué al mostrador de recepción y apoyé mi espalda en él, mientras levantaba la vista de la libreta.
-Bueno, podría ser peor-bromeé-. No te preocupes, creo que es bastante viable para su realización. He dado el permiso, así que no volveré atrás, por lo que puedes continuar con la organización.
Ella sonrió agradecida, y yo le devolví la libreta. Luego desvié la mirada hacia los otros que trabajaban, todo para la fiesta. Pero de repente eché en falta a alguien, y enseguida supe quien era.
-¿Has visto a Cristian?-pregunté a Verónica, antes de que ella a su vez consultara algo más sobre la fiesta-¿No ha bajado a ayudar?
-Ni bajado ni subido, o eso creo-me respondió ella
Asentí retirándome de la recepción para subir de nuevo por las escaleras, en busca de Cristian. Antes miré a Verónica a los ojos, siempre había algo que me atraía en ella, pero nunca me lo había planteado como un sentimiento serio. Levanté una mano en gesto de despedida después de mirar de nuevo como los empleados se afanaban en seguir montando la fiesta. De pronto pensé que quizá estuviera en la cafetería, así que me dirigí a ella, cambiando mi idea y volviéndome sobre mis pasos para entrar por la puerta rodeada de empleados que trabajaban en la decoración. Pasé también enfrente de David y Carlos, que trabajaban en las pancartas, y les saludé mientras me acercaba a la barra.
-Hey-saludé
Allí estaba Natalia y la encargada del bar, Laura, detrás de la barra con su habitual pelo corto y actitud amigable. Me llevaba bien con las dos, pero especialmente con Natalia, ya que éramos amigos desde hace mucho tiempo. Me acerqué a ella, pero en vez de sentarme junto a ella en un taburete como quizá pensó que haría, me limité a formularle la pregunta, pero Laura me interrumpió.
-Hola, jefe. ¿No vas a desayunar nada?
[Laura. 24 años. Encargada de la cafetería. Tímida, amigable y muy activa. Tiene pinta de chico, pelo corto moreno y ojos de color miel, también lleva algunos piercings.]
-No, gracias Laura-respondí-. Natalia, ¿has visto a Cristian? Desde hace tiempo lo noto raro.
-Tengo una ligera idea de lo que le pasa, pero no sé-me respondió mirándome mientras alzaba su taza de café y daba un sorbo-. Quizá esté en su despacho, ¿no crees?
-Si, es verdad-respondí, cayendo en la cuenta-. Gracias, hasta luego.
Me despedí con otro alzamiento de la mano, dándoles la espalda antes de que volvieran a insistir en que desayunara algo. Solo me quedaba ya ascender por los escalones y dirigirme dos pisos más arriba, hacia los despachos. La planta baja seguía siendo un hervidero de empleados, así que aunque tuve cuidado de no toparme con nadie me choqué de frente con un chico que parecía llevar un paquete, al parecer los dos íbamos mirando hacia otro lado. Yo concretamente a Victoria, que pasaba a mi lado hacia la cafetería, seguramente para seguir con los preparativos.
-Hombree, jefazo-dijo una voz familiar-¿Controlando?
Miré ese rostro, ahora tan familiar. Tenía el pelo castaño semi-largo y los ojos marrones. Era Jorge, uno de mis mejores amigos y al que había convencido para que se metiera en la empresa, al igual que muchos otros de mis empleados, ahora cargos directivos. Incluyendo, claro está, a Victoria, Natalia y al desaparecido Cristian.
-Si, controlando-dije sonriéndole-. Al parecer habrá una buena fiesta.
-Entonces perfecto.
[Jorge. 26 años. Mensajero de la empresa. Preocupado por sus amigos, siempre que pueda los intenta ayudar y prestarles su apoyo. También es simpático y muy alegre, con unos gustos un tanto extraños.]
-Nos vemos luego, colega, tengo que buscar... a alguien-me despedí, dándole una palmada en la espalda
Avancé rápidamente hasta la puerta de las escaleras para evitar encontrarme con alguien más. Pero la suerte no estaba de mi lado, ya se dice que a quien madruga Dios le ayuda, pero solo a veces. Me encontré con Sofía, que bajaba las escaleras con aire alegre mientras tenía sus cascos de recepcionista colgados al cuello. La saludé con la mano intentando evitar una conversación, pero me agarró del brazo impidiendo que me escabullera escaleras arriba.
-Ay ay ay... nuestro jefe siempre con tantas prisas-me reprochó ella-. ¿Acaso hay fuego? ¡No te sentará bien el desayuno si corres tanto!
-No he desayunado-le dije, suspirando-. He estado ocupado.
-¿Ocupado?-respondió ella, como burlándose-. ¿Mirando a las empleadas? Venga, da media vuelta y desayuna.
-Mira que eres mandona-le dije-. Que no, que tengo que hacer una cosa.
-Esta bien, esta bien-dijo mientras me soltaba y sonreía-. Ains, “Huguicillo”, nunca crecerás.
[Sofía. 26 años. Recepcionista. Es una joven simpática, muy madura según su opinión y que desempeña su trabajo con mucho orgullo. Le gusta ir a su aire, aún así se suele juntar mucho con los demás chicos de la empresa.]
Subí rápido por las escaleras, sin evitar sonreír ante la actitud de la recepcionista. Seguí preguntándome por que no cogí el maldito ascensor, llegaría mucho antes. Cuando llegué finalmente al primer piso miré a alguien que estaba allí, con unos papeles en la mano. Me quedé mirándolo un momento, tenía el pelo largo, moreno y despeinado y vestía muy bien como para venir a trabajar. Yo también iba de traje, pero me solía quitar la chaqueta y aflojarme la corbata para andar cómodo por allí. De pronto, reparó en mi presencia y me miró. La verdad, no le conocía. Quizá fuera... ¿el nuevo? El fotógrafo que iba a ayudar, que Verónica lo había recomendado y al parecer Cristian lo había metido en la empresa.
-Buenos días-dijo él
-Buenas...-dije-Tu eres el nuevo fotógrafo, ¿no?
-Así es-dijo, tranquilamente-¿Tu eres Hugo, no? El director.
-Así es-le respondí-. Encantados de tenerte con nosotros, supongo. Hasta luego.
Él se despidió con un movimiento de cabeza. Realmente era un tipo peculiar.
[Luis. 22 años. Callado, un empleado muy formal y misterioso y que a veces es gracioso (en los momentos que no trabaja).]
Subí a paso ligero la última tanda de escaleras, hasta el piso de los despachos. A la derecha estaba el mío y al lado el de Victoria. En frente, el baño y... el de Cristian. Justamente, Victoria salió del baño un poco más relajada que antes, y se acercó hacia mí con media sonrisa y paso elegante.
-¿Visto bueno a los caracoles, finalmente?-le pregunté, sonriendo
-Bueno, estará bien mientras entretenga a los lectores-respondió ella, con un ademán de la mano-. Ya lo he firmado, podremos enviarlo a rotativas para sacarlo a tiempo este mes.
-Fantástico-respondí-. Bueno, te veo luego. Tengo que hablar... con alguien.
Victoria asintió y se alejó de mi hacia la puerta de su despacho, que abrió y tras meterse cerró desde dentro con cuidado. Yo avancé hasta la puerta del despacho del jefe de personal, de Cristian. De dentro se oyó su voz, tan calmada y misteriosa como siempre:
-Pase.
Abrí la puerta hacia dentro y le miré, clavaba sus ojos agrisados en mi rostro mientras esperaba a que cerrara la puerta. Me acerqué, y me recliné hasta apoyarme con los brazos cruzados en el respaldo de la silla que estaba delante de su mesa. Él me miró de manera extraña, tal y como había estado haciendo desde hacía unos meses.
-Hola-le dije, solamente
-Hola-dijo él, secamente-¿Qué quieres?
-Que brusco estás-le reproché-. Todavía me pregunto si estás molesto por algo, o si ha pasado algo que no me has contado.
-Eso no tiene importancia-dijo él, desviando sus ojos grises hacia unos papeles que descansaban sobre su mesa-¿Has venido por algo de la empresa o no?
-No, he venido como amigo-le respondí, molesto-¿Se puede saber que te pasa?
-¿Quieres saber que me pasa? Te lo diré. Acércate.
Rodeé la mesa y me planté enfrente de él con curiosidad. De pronto lo vi todo negro, dejé de tener percepción de mi alrededor, sintiendo por último que me desplomaba en el suelo.
Aquí tenéis el primer capitulo, para recordar.
__________________________________________
Capitulo 1: TopicOff Times
Vista de: HUGO
[Hugo, 24 años. Presidente del TopicOff Times. Es un tanto gruñón a veces, pero siempre suele ser amable con sus empleados y se lleva muy bien con todos ellos. Es optimista, y sus chistes y frases célebres pasan fronteras.]
Estaba impaciente por terminar el papeleo y bajar a ver como iba la preparación de la fiesta de mañana. Sonreí anestesiado mirando la puerta del despacho. Ya hacía un año que había comprado el edificio y había montado la empresa con la ayuda económica de mi padre. También tuve suerte de tener muchos amigos que estudiaban periodismo, algunos sin trabajo. Les advertí que de momento no cobrarían demasiado, hasta que lográramos publicar nuestra humilde publicación en los quioscos. Ahora, después de un año, ya somos una empresa respetable, que publica un periódico de las noticias más interesantes y entretenidas, habidas y por haber. Un año de sueños que se habían cumplido. Sin duda había que celebrarlo por todo lo alto, Verónica había tenido una buena idea.
Me recosté en el sofá de presidente y observé la maqueta del periódico del mes. Me gustaba, siempre me gustaba. Eran pocos los redactores, pero sin duda hacían un gran trabajo. Di el visto bueno y la firmé, depositándola con cuidado encima de la mesa. Después de ajustarme la corbata, me levanté y me dirigí a la puerta, dispuesto a ir a la cafetería para ver como avanzaba la cosa. De pronto, justo antes de abrir la puerta, apareció Victoria.
-¿Has visto la maqueta de este mes?-preguntó-No me gusta nada.
[Victoria, 25 años. Vicepresidenta y directora de contenidos. Bastante mandona, quiere que todo en la empresa sea perfecto, exige mucho a los empleados. Tras esa oscura máscara, guarda un corazón de oro que hace que en realidad todos de la oficina la aprecien mucho.]
-Sobra la noticia del caracol más rápido del mundo-dijo, señalando la maqueta-... y toda esta parafernalia del campeonato de caracoles, se la podían haber ahorrado...
-Victoria, por favor-supliqué-. Sabes que siempre intentamos dar una opinión diferente, y reportajes que entretengan a la gente.
-Ya, ¡Y después toda la plantilla de fiesta!-dijo ella, arrugando el ceño-Les das demasiada libertad con esta fiesta, no quedará el edificio en pie después de esto...
-Bah, no seas exagerada-le reprendí sonriendo-. Seguro que hasta tú acabas bajando mañana.
-¡Ni de broma!-exclamó, con un gesto de indignación- Esta maqueta necesita muchos retoques si quieren que salga a la venta el viernes. ¡Después de esa fiesta trabajaran como condenados!
-Va, va. Tómate una tila. Voy a abajo a ver como van los preparativos.
La bordeé antes de que me restregara otra vez la noticia de los caracoles y bajé por el ascensor. Como siempre, el último piso estaba desierto, el de los despachos. Una vez que se descendía, se podía escuchar el murmullo incesante de los trabajadores, que tenían absoluta libertad para trabajar a su gusto, hablando y charlando, siempre que no se saliera de la linea de trabajo constante y que el periódico pudiera salir cada mes. Buscaban noticias y contenidos, las escribían y las pasaban a maquetación, donde añadían las fotos y trabajaban la estética del periódico. Una vez terminado eso, llegaba a los directivos, que daban el visto bueno (o malo, en el caso de Victoria) y pasaba directamente a rotativas, donde salía el periódico a distribución. Era genial, todos estaban contentos con su trabajo.
-¡Buenas a todos!-dije cuando llegué a la planta de redacción.
Casi caigo al suelo con gota estilo anime. Como suelo decir, en algunas partes del edificio corren las bolas de paja, como en el oeste. Deduje que los empleados se habían tomado demasiado a pecho la orden de “podéis ayudar a Verónica a preparar la fiesta de mañana desde ahora, si queréis”. Obvio que querían. Con resignación, tomé las escaleras y observé el ambiente que se respiraba abajo. Unos preparaban una pancarta, otros hinchaban globos y todos se movían de acá para allá. Justo al lado de la salida de las escaleras se encontraba Verónica, tomando notas.
-A quin tenim per açí! Cap!-me dijo, con euforia
[Verónica, 22 años. Redactora de historias. Es trabajadora, siempre dispuesta a apoyar a sus compañeros y unirlos. A veces está en empane, como en su mundo. Le gusta decir algunas frases hechas en valenciano y tiene su peculiar acento.]
-Hehe... Hola, Verónica.
Vista de: VERÓNICA
Todo iba justo lo planeado. Lo mejor de todo es que todos estaban ayudando en unas cosas u otras, algo que me motivaba mucho para seguir con esta idea mía. Mientras que iba garabateando un poco en mi libreta, llegó el jefe. Lo saludé de mi manera única, y después con interés se acercó a mi libreta, yo la aparté enseguida. Él me miró con algo de enfado y preguntó:
-¿Acaso no puedo saber lo que se va a hacer en mi empresa?
-Je je, quiero que sea una sorpresa, cap... -utilicé esa excusa tan ridícula.
Y enseguida me moví un poco para ver como iba Natalia con los globos. Tenía la cara roja y respiraba con dificultad. Después con cautela, fui pisando el suelo. Cuantos globos... ¿Los había hinchado ella sola? Le di unos golpes en la espalda indicándole que ya era suficiente, que como siguiera así se iba a matar. Se levantó con energía y me replicó que quería seguir ayudando.
-Creo que ya has hecho suficiente, ¡tenemos globos de sobra!
-¿Estás segura? Yo creo que siguen faltando... -respondió algo pensativa.
[Natalia. 22 años. Redactora jefe. Es un torrente de energía. Es la que le da vida en la empresa, alegra a todos los empleados. Anima a todos los que están de bajón.]
Al final conseguí que fuera a comer a la barra de la cafetería. Entonces, un escalofrío me recorrió la espalda. “Él” estaba detrás mía. Rápidamente me di la vuelta y le sonreí. Era David, al parecer se le había gastado el permanente de color negro por lo que parecía estar indicándome. Sus ojos eran fríos y me daban algo de miedo, pero sabía que en el fondo tenía que ser una buena persona. Algo rarilla, pero buena persona.
Metí mi mano en uno de mis enormes bolsillos y de él saqué otro permanente como por arte de magia. Él ni se inmutó, lo agarró con una asombrosa rapidez. Miré desconcertada mi mano vacía y cuando alcé la vista vi como David me daba la espalda y volvía a la pancarta en la que estaba trabajando.
-Gracias -fue lo único que dijo.
[David. 23 años. Becario. Es frío con todos los empleados y muy distante. Nadie sabe de su vida, además él no quiere que se sepa nada de ella. Casi todos los de la empresa le temen. Es muy misterioso.]
Suspiré. Esta empresa era poco corriente en la ciudad, algo que era muy bueno. No era para nada aburrida y además Hugo no te presionaba para nada en lo de trabajo me refiero. Me venía muy bien esa actitud suya ya que yo siempre me distraía enseguida, y en muchas ocasiones me olvidaba de lo que tenía que hacer.
Me di un pequeño cabezazo con la libreta para bajar de las nubes. Me dirigí hacia el trabajo que estaban haciendo David y Carlos con las pancartas. Casi me caigo de espaldas de la sorpresa. La verdad es que se notaba mucho los dos estilos diferentes. Mientras que David había escrito las pancartas con unas letras algo extrañas y negras, el fondo que estaba haciendo Carlos era muy original, y para nada raro. Me metí en medio del hueco que habían dejado sus dos hombros y los dos dieron un pequeño respingo. Les sonreí y les dije:
-Como pensaba, la unió de vuestros estilos es única...
-¿Es que acaso no confiabas en nosotros? -dijo de manera picaresca Carlos.
[Carlos. 25 años. Fotógrafo y director de imagen. Tiene una personalidad rara, y por esa personalidad ha estado solo desde pequeño. Se recogió en la fotografía, el único arte con el que se podía expresar. En cada foto que hacía reflejaba su estado de ánimo. Se lleva bien en general con los demás empleados.]
-En absoluto -pero me di cuenta de que ninguno de los dos me estaba prestando atención.
Me dirigí entonces hacia el jefe, debía darle unos cálculos que hice ayer por la noche (en la cual no dormí) que seguramente necesitaría para encargarlo todo. Estaba bastante concentrado observando a los demás como trabajaban, parecía un rey viendo trabajar a sus sirvientes. Lo mejor de todo es que no nos obligaba a hacerlo. Tosí levemente para llamar su atención y le tendí mi libreta. Él alzó una ceja y dijo:
-¿Ahora si que me dejas verla?
-Necessite que veas estas cosas que necesito, ya que el único que sabe el presupuesto eres tú...
Cogió con interés mi libreta y comenzó a leer bastante concentrado.
Vista de: HUGO
La lista contenía muchos garabatos y palabras que parecían indicar los materiales necesarios para la organización de la fiesta. Sonreí al ver los precios aproximados, y diferentes dibujos que Verónica había realizado y que se mezclaban con toda la lista de utensilios. Seguidamente me acerqué al mostrador de recepción y apoyé mi espalda en él, mientras levantaba la vista de la libreta.
-Bueno, podría ser peor-bromeé-. No te preocupes, creo que es bastante viable para su realización. He dado el permiso, así que no volveré atrás, por lo que puedes continuar con la organización.
Ella sonrió agradecida, y yo le devolví la libreta. Luego desvié la mirada hacia los otros que trabajaban, todo para la fiesta. Pero de repente eché en falta a alguien, y enseguida supe quien era.
-¿Has visto a Cristian?-pregunté a Verónica, antes de que ella a su vez consultara algo más sobre la fiesta-¿No ha bajado a ayudar?
-Ni bajado ni subido, o eso creo-me respondió ella
Asentí retirándome de la recepción para subir de nuevo por las escaleras, en busca de Cristian. Antes miré a Verónica a los ojos, siempre había algo que me atraía en ella, pero nunca me lo había planteado como un sentimiento serio. Levanté una mano en gesto de despedida después de mirar de nuevo como los empleados se afanaban en seguir montando la fiesta. De pronto pensé que quizá estuviera en la cafetería, así que me dirigí a ella, cambiando mi idea y volviéndome sobre mis pasos para entrar por la puerta rodeada de empleados que trabajaban en la decoración. Pasé también enfrente de David y Carlos, que trabajaban en las pancartas, y les saludé mientras me acercaba a la barra.
-Hey-saludé
Allí estaba Natalia y la encargada del bar, Laura, detrás de la barra con su habitual pelo corto y actitud amigable. Me llevaba bien con las dos, pero especialmente con Natalia, ya que éramos amigos desde hace mucho tiempo. Me acerqué a ella, pero en vez de sentarme junto a ella en un taburete como quizá pensó que haría, me limité a formularle la pregunta, pero Laura me interrumpió.
-Hola, jefe. ¿No vas a desayunar nada?
[Laura. 24 años. Encargada de la cafetería. Tímida, amigable y muy activa. Tiene pinta de chico, pelo corto moreno y ojos de color miel, también lleva algunos piercings.]
-No, gracias Laura-respondí-. Natalia, ¿has visto a Cristian? Desde hace tiempo lo noto raro.
-Tengo una ligera idea de lo que le pasa, pero no sé-me respondió mirándome mientras alzaba su taza de café y daba un sorbo-. Quizá esté en su despacho, ¿no crees?
-Si, es verdad-respondí, cayendo en la cuenta-. Gracias, hasta luego.
Me despedí con otro alzamiento de la mano, dándoles la espalda antes de que volvieran a insistir en que desayunara algo. Solo me quedaba ya ascender por los escalones y dirigirme dos pisos más arriba, hacia los despachos. La planta baja seguía siendo un hervidero de empleados, así que aunque tuve cuidado de no toparme con nadie me choqué de frente con un chico que parecía llevar un paquete, al parecer los dos íbamos mirando hacia otro lado. Yo concretamente a Victoria, que pasaba a mi lado hacia la cafetería, seguramente para seguir con los preparativos.
-Hombree, jefazo-dijo una voz familiar-¿Controlando?
Miré ese rostro, ahora tan familiar. Tenía el pelo castaño semi-largo y los ojos marrones. Era Jorge, uno de mis mejores amigos y al que había convencido para que se metiera en la empresa, al igual que muchos otros de mis empleados, ahora cargos directivos. Incluyendo, claro está, a Victoria, Natalia y al desaparecido Cristian.
-Si, controlando-dije sonriéndole-. Al parecer habrá una buena fiesta.
-Entonces perfecto.
[Jorge. 26 años. Mensajero de la empresa. Preocupado por sus amigos, siempre que pueda los intenta ayudar y prestarles su apoyo. También es simpático y muy alegre, con unos gustos un tanto extraños.]
-Nos vemos luego, colega, tengo que buscar... a alguien-me despedí, dándole una palmada en la espalda
Avancé rápidamente hasta la puerta de las escaleras para evitar encontrarme con alguien más. Pero la suerte no estaba de mi lado, ya se dice que a quien madruga Dios le ayuda, pero solo a veces. Me encontré con Sofía, que bajaba las escaleras con aire alegre mientras tenía sus cascos de recepcionista colgados al cuello. La saludé con la mano intentando evitar una conversación, pero me agarró del brazo impidiendo que me escabullera escaleras arriba.
-Ay ay ay... nuestro jefe siempre con tantas prisas-me reprochó ella-. ¿Acaso hay fuego? ¡No te sentará bien el desayuno si corres tanto!
-No he desayunado-le dije, suspirando-. He estado ocupado.
-¿Ocupado?-respondió ella, como burlándose-. ¿Mirando a las empleadas? Venga, da media vuelta y desayuna.
-Mira que eres mandona-le dije-. Que no, que tengo que hacer una cosa.
-Esta bien, esta bien-dijo mientras me soltaba y sonreía-. Ains, “Huguicillo”, nunca crecerás.
[Sofía. 26 años. Recepcionista. Es una joven simpática, muy madura según su opinión y que desempeña su trabajo con mucho orgullo. Le gusta ir a su aire, aún así se suele juntar mucho con los demás chicos de la empresa.]
Subí rápido por las escaleras, sin evitar sonreír ante la actitud de la recepcionista. Seguí preguntándome por que no cogí el maldito ascensor, llegaría mucho antes. Cuando llegué finalmente al primer piso miré a alguien que estaba allí, con unos papeles en la mano. Me quedé mirándolo un momento, tenía el pelo largo, moreno y despeinado y vestía muy bien como para venir a trabajar. Yo también iba de traje, pero me solía quitar la chaqueta y aflojarme la corbata para andar cómodo por allí. De pronto, reparó en mi presencia y me miró. La verdad, no le conocía. Quizá fuera... ¿el nuevo? El fotógrafo que iba a ayudar, que Verónica lo había recomendado y al parecer Cristian lo había metido en la empresa.
-Buenos días-dijo él
-Buenas...-dije-Tu eres el nuevo fotógrafo, ¿no?
-Así es-dijo, tranquilamente-¿Tu eres Hugo, no? El director.
-Así es-le respondí-. Encantados de tenerte con nosotros, supongo. Hasta luego.
Él se despidió con un movimiento de cabeza. Realmente era un tipo peculiar.
[Luis. 22 años. Callado, un empleado muy formal y misterioso y que a veces es gracioso (en los momentos que no trabaja).]
Subí a paso ligero la última tanda de escaleras, hasta el piso de los despachos. A la derecha estaba el mío y al lado el de Victoria. En frente, el baño y... el de Cristian. Justamente, Victoria salió del baño un poco más relajada que antes, y se acercó hacia mí con media sonrisa y paso elegante.
-¿Visto bueno a los caracoles, finalmente?-le pregunté, sonriendo
-Bueno, estará bien mientras entretenga a los lectores-respondió ella, con un ademán de la mano-. Ya lo he firmado, podremos enviarlo a rotativas para sacarlo a tiempo este mes.
-Fantástico-respondí-. Bueno, te veo luego. Tengo que hablar... con alguien.
Victoria asintió y se alejó de mi hacia la puerta de su despacho, que abrió y tras meterse cerró desde dentro con cuidado. Yo avancé hasta la puerta del despacho del jefe de personal, de Cristian. De dentro se oyó su voz, tan calmada y misteriosa como siempre:
-Pase.
Abrí la puerta hacia dentro y le miré, clavaba sus ojos agrisados en mi rostro mientras esperaba a que cerrara la puerta. Me acerqué, y me recliné hasta apoyarme con los brazos cruzados en el respaldo de la silla que estaba delante de su mesa. Él me miró de manera extraña, tal y como había estado haciendo desde hacía unos meses.
-Hola-le dije, solamente
-Hola-dijo él, secamente-¿Qué quieres?
-Que brusco estás-le reproché-. Todavía me pregunto si estás molesto por algo, o si ha pasado algo que no me has contado.
-Eso no tiene importancia-dijo él, desviando sus ojos grises hacia unos papeles que descansaban sobre su mesa-¿Has venido por algo de la empresa o no?
-No, he venido como amigo-le respondí, molesto-¿Se puede saber que te pasa?
-¿Quieres saber que me pasa? Te lo diré. Acércate.
Rodeé la mesa y me planté enfrente de él con curiosidad. De pronto lo vi todo negro, dejé de tener percepción de mi alrededor, sintiendo por último que me desplomaba en el suelo.
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sábado, 10 de octubre de 2009
¡TopicOff cumple añitos!
¡Pues eso!
Parece mentira que ya hará un año en el que todos echamos una manita para crear TO, y finalmente lo tuvimos a nuestro uso para en cierto modo unirnos más y pasar unos ratillos posteando o roleando. En fin, yo, Adri, espero modificar varias cosas para darle un aire fresco a nuestro TopicOff, preparar algo para ese día/esos días entre otras cosas, y animo a los demás a que le hagáis un huequito y posteéis todo lo que podais este mes.
Asi mismo, pienso poner en actividad todo lo extra en relación al foro, empezando por este blog. Espero ponerlo a disposición para que todos podamos escribir lo que queramos en él, asi como poner comentarios y etc. ¡Y usad la red social también, por favor! XD.
Y eso, aprovechemos al maximo TO que ya lleva un añito poniéndose a nuestra disposición y todos esperamos que sigamos asi e incluso que algun día lleguemos a crecer mas.
¡Saludos!
PD: ¡Cumplirá el 25 de este mes!
Parece mentira que ya hará un año en el que todos echamos una manita para crear TO, y finalmente lo tuvimos a nuestro uso para en cierto modo unirnos más y pasar unos ratillos posteando o roleando. En fin, yo, Adri, espero modificar varias cosas para darle un aire fresco a nuestro TopicOff, preparar algo para ese día/esos días entre otras cosas, y animo a los demás a que le hagáis un huequito y posteéis todo lo que podais este mes.
Asi mismo, pienso poner en actividad todo lo extra en relación al foro, empezando por este blog. Espero ponerlo a disposición para que todos podamos escribir lo que queramos en él, asi como poner comentarios y etc. ¡Y usad la red social también, por favor! XD.
Y eso, aprovechemos al maximo TO que ya lleva un añito poniéndose a nuestra disposición y todos esperamos que sigamos asi e incluso que algun día lleguemos a crecer mas.
¡Saludos!
PD: ¡Cumplirá el 25 de este mes!
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